lunes 16 de noviembre de 2009

Discurso del Santo Padre a la FAO


CON OCASIÓN DE LA CUMBRE MUNDIAL SOBRE SEGURIDAD ALIMENTARIA

Roma, lunes 16 de noviembre de 2009

Señor Presidente,
Señoras y Señores:

1. He acogido con mucho gusto la invitación del Señor Jacques Diouf, Director General de la FAO, a tomar la palabra en la sesión inaugural de esta Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria. Le saludo cordialmente y le agradezco sus amables palabras de bienvenida. Saludo, igualmente, a las Altas Autoridades aquí presentes y a todos los participantes. Como ya hicieron mis venerados Predecesores Pablo VI y Juan Pablo II, deseo renovar mi estima por la labor de la FAO, a la que la Iglesia Católica y la Santa Sede prestan atención e interés por el servicio cotidiano que desempeñan todos los que trabajan en ella. Gracias a vuestro generoso trabajo, sintetizado en el lema Fiat Panis, el desarrollo de la agricultura y la seguridad alimentaria siguen siendo objetivos prioritarios de la acción política internacional. Estoy seguro de que este espíritu orientará las decisiones de esta Cumbre, como también las que se tomen en el intento común por vencer cuanto antes la batalla contra el hambre y la malnutrición en el mundo.

2. La comunidad internacional esta afrontando en estos años una grave crisis económico-financiera. Las estadísticas muestran un incremento dramático del número de personas que sufren el hambre y a esto contribuye el aumento de los precios de los productos alimentarios, la disminución de las posibilidades económicas de las poblaciones más pobres, y el acceso restringido al mercado y a los alimentos. Y todo esto, mientras se confirma que la tierra puede nutrir suficientemente a todos sus habitantes. En efecto, si bien en algunas regiones se mantienen bajos niveles de producción agrícola a causa también de cambios climáticos, dicha producción es globalmente suficiente para satisfacer tanto la demanda actual, como la que se puede prever en el futuro. Estos datos indican que no hay una relación de causa-efecto entre el incremento de la población y el hambre, lo cual se confirma por la deplorable destrucción de excedentes alimentarios en función del lucro económico. En la Encíclica Caritas in veritate, he señalado que “el hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. Es decir, falta un sistema de instituciones económicas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales...”. Y, he añadido también que: “el problema de la inseguridad alimentaria debe ser planteado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-económicos, que se puedan obtener principalmente en el propio lugar, para asegurar así también su sostenibilidad a largo plazo” (n. 27). En este contexto, hay que oponerse igualmente al recurso a ciertas formas de subvenciones que perturban gravemente el sector agrícola, la persistencia de modelos alimentarios orientados al mero consumo y que se ven privados de una perspectiva más amplia, así como el egoísmo, que permite a la especulación entrar incluso en los mercados de los cereales, tratando a los alimentos con el mismo criterio que cualquier otra mercancía.

3. En cierto sentido, la convocatoria de esta Cumbre es ya un testimonio de la debilidad de los actuales mecanismos de la seguridad alimentaria y la necesidad de una revisión de los mismos. De hecho, aunque los Países más pobres se han integrado en la economía mundial de manera más amplia que en el pasado, la tendencia de los mercados internacionales los hace en gran medida vulnerables y los obliga a tener que recurrir a las ayudas de las Instituciones intergobernativas, que sin duda prestan una ayuda preciosa e indispensable. Sin embargo, el concepto de cooperación debe ser coherente con el principio de subsidiaridad, se han de implicar “a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo” (ibíd.), porque el desarrollo humano integral requiere decisiones responsables por parte de todos y pide una actitud solidaria que no considere la ayuda o la emergencia en función de quien pone a disposición los recursos o de grupos de élite que hay entre los beneficiarios. De cara a Países que manifiestan la necesidad que tienen de aportaciones exteriores, la Comunidad internacional tiene el deber de participar con los instrumentos de cooperación, sintiéndose corresponsable de su desarrollo, “mediante la solidaridad de la presencia, el acompañamiento, la formación y el respeto” (ibíd., 47). Dentro de este contexto de responsabilidad está el derecho de cada País a definir su propio modelo económico, previendo los modos para garantizar la propia libertad de decisiones y de objetivos. En dicha perspectiva, la cooperación debe llegar a ser un instrumento eficaz, libre de vínculos e intereses que pueden restar una parte nada despreciable de los recursos destinados al desarrollo. Además, es importante subrayar cómo la vía solidaria para el desarrollo de los Países pobres puede llegar a ser también una vía de solución para la actual crisis global. En efecto, sosteniendo con planes de financiación inspirados en la solidaridad estas Naciones, para que ellas mismas sean capaces de satisfacer las propias demandas de consumo y de desarrollo, no sólo se favorece el incremento económico en su interior, sino que puede tener repercusiones positivas para el desarrollo humano integral en otros Países (cf. ibíd., 27).

4. En la actual situación persiste todavía un nivel de desarrollo desigual entre y en las Naciones, que determina, en muchas áreas del planeta, condiciones de precariedad, acentuando la contraposición entre pobreza y riqueza. Esta desigualdad no sólo tiene que ver con los modelos de desarrollo, sino también, y sobre todo, con la forma que parece afianzarse de percibir un fenómeno como el de la inseguridad alimentaria. Existe el riesgo de que el hambre se considere como algo estructural, parte integrante de la realidad socio-política de los Países más débiles, objeto de un sentido de resignada amargura, si no de indiferencia. No es así, ni debe ser así. Para combatir y vencer el hambre es esencial empezar por redefinir los conceptos y los principios aplicados hasta hoy en las relaciones internacionales, así como responder a la pregunta: ¿qué puede orientar la atención y la consecuente conducta de los Estados respecto a las necesidades de los últimos? La respuesta no se encuentra en la línea de acción de la cooperación, sino en los principios que tienen que inspirarla: sólo en nombre de la común pertenencia a la familia humana universal se puede pedir a cada Pueblo, y por lo tanto a cada País, ser solidario, es decir, dispuesto a hacerse cargo de responsabilidades concretas ante las necesidades de los otros, para favorecer un verdadero compartir fundado en el amor.

5. No obstante, si bien la solidaridad animada por el amor excede la justicia, porque amar es dar, ofrecer lo “mío” a otro, ésta no existe nunca sin la justicia, que induce a dar al otro lo que es “suyo” y que le pertenece en razón de su ser y de su hacer. De hecho no puedo “dar” a otro de lo “mío”, sin haberle dado antes lo que le pertenece por justicia (cf. ibíd., 6). Si se busca la eliminación el hambre, la acción internacional esta llamada no sólo a favorecer el crecimiento económico equilibrado y sostenible y la estabilidad política, sino también a buscar nuevos parámetros —necesariamente éticos y después jurídicos y económicos— que sean capaces de inspirar la actividad de cooperación para construir una relación paritaria entre Países que se encuentran en diferentes grados de desarrollo. Esto, además de colmar el desequilibrio existente, podría favorecer la capacidad de cada Pueblo de sentirse protagonista, confirmando así que la igualdad fundamental de los diferentes Pueblos hunde sus raíces en el origen común de la familia humana, fuente de los principios de la “ley natural” llamados a inspirar las opciones y las directrices de orden político, jurídico y económico en la vida internacional (cf. ibíd., 59). A este respecto, San Pablo nos ilumina con sus palabras: “No se trata —escribe— de aliviar a otros pasando vosotros estrecheces; se trata de nivelar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá nivelación. Es lo que dice la Escritura: “Al que recogía mucho, no le sobraba; y al que recogía poco, no le faltaba” (2 Co 8, 13-15).

6. Señor Presidente, Señoras y Señores, para combatir el hambre promoviendo un desarrollo humano integral es también necesario entender las necesidades del mundo rural, así como impedir que la tendencia a disminuir las aportaciones de los donantes cree incertezas en la financiación de las actividades de cooperación: se ha de evitar el riesgo de que el mundo rural pueda ser considerado, de modo miope, como una realidad secundaria. Al mismo tiempo, se ha de favorecer el acceso al mercado internacional de los productos provenientes de las áreas más pobres, hoy en día relegados a menudo a estrechos márgenes. Para alcanzar estos objetivos es necesario rescatar las reglas del comercio internacional de la lógica del provecho como un fin en sí mismo, orientándolas en favor de la iniciativa económica de los Países más necesitados de desarrollo, que, disponiendo de mayores entradas, podrán caminar hacia la autosuficiencia, que es el preludio de la seguridad alimentaria.

7. Tampoco se han de olvidar los derechos fundamentales de la persona entre los que destaca el derecho a una alimentación suficiente, sana y nutritiva, y el derecho al agua; éstos revisten un papel importante en la consecución de otros derechos, empezando por el derecho primario a la vida. Es necesario, por lo tanto, que madure “una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones” (Caritas in veritate, 27). Todo lo que la FAO ha realizado con paciencia, aunque por un lado ha favorecido la ampliación de los objetivos de este derecho sólo respecto a garantizar la satisfacción de las necesidades primarias, por otro lado, ha puesto de manifiesto la necesidad de una reglamentación adecuada.

8. Los métodos de producción alimentaria imponen igualmente un análisis atento de la relación entre el desarrollo y la tutela ambiental. El deseo de poseer y de usar en manera excesiva y desordenada los recursos del planeta es la primera causa de toda degradación ambiental. El cuidado ambiental, en efecto, se presenta como un desafío actual de garantizar un desarrollo armónico, respetuoso con el plan de la creación de Dios Creador y, por lo tanto, capaz de salvaguardar el planeta (cf. ibíd., 48-51). Si toda la humanidad está llamada a tomar conciencia de sus propias obligaciones respecto a las generaciones venideras, es también cierto que el deber de tutelar el medio ambiente como un bien colectivo corresponde a los Estados y a las Organizaciones Internacionales. Desde este punto de vista, se debe profundizar en las conexiones existentes entre la seguridad ambiental y el fenómeno preocupante de los cambios climáticos, teniendo como focus la centralidad de la persona humana y, en particular, a las poblaciones más vulnerables ante ambos fenómenos. No bastan, sin embargo, normativas, legislaciones, planes de desarrollo e inversiones, hace falta un cambio en los estilos de vida personales y comunitarios, en el consumo y en las necesidades concretas, pero sobre todo es necesario tener presente ese deber moral de distinguir en las acciones humanas el bien del mal para redescubrir así el vínculo de comunión que une la persona y lo creado.

9. Es importante recordar —como he señalado en la Encíclica Caritas in veritate— que “la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la «ecología humana» en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia”. Es verdad que “el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza”. Y que “el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad”. Por tanto, “los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad” (ibíd., 51).

10. El hambre es el signo más cruel y concreto de la pobreza. No es posible continuar aceptando la opulencia y el derroche, cuando el drama del hambre adquiere cada vez mayores dimensiones. Señor Presidente, Señoras y Señores, la Iglesia Católica estará atenta siempre a los esfuerzos para vencer el hambre; trabajará por sostener, con la palabra y con las obras, la acción solidaria —programada, responsable y regulada— que los distintos componentes de la Comunidad internacional estén llamados a emprender. La Iglesia no pretende interferir en las acciones políticas; ella, respetuosa del saber y de los resultados de las ciencias, así como de las decisiones determinadas por la razón cuando son responsablemente iluminadas por valores auténticamente humanos, se une al esfuerzo por eliminar el hambre. Es este el signo más inmediato y concreto de la solidaridad animada por la caridad, signo que no deja margen a retrasos y compromisos. Dicha solidaridad se confía a la técnica, a las leyes y a las instituciones para salir al encuentro de las aspiraciones de las personas, comunidades y Pueblos enteros, pero no debe excluir la dimensión religiosa, con su poderosa fuerza espiritual y de promoción de la persona humana. Reconocer el valor transcendente de cada hombre y mujer es el primer paso para favorecer la conversión del corazón que pueda sostener el esfuerzo para erradicar la miseria, el hambre y la pobreza en todas sus formas.


Dios bendiga sus esfuerzos para garantizar el pan de cada día para cada persona.

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana





sábado 14 de noviembre de 2009

Somos hermanos, queremos ser Nación

Conferencia Episcopal Argentina
(98° AP - noviembre 2009)


I.
1. En el mes de noviembre del 2008, en el Documento “Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad” (HB), delineamos la necesidad de recorrer un camino basado en el diálogo y en la búsqueda de consensos y acuerdos que confluyeran en algunas políticas públicas, base de un verdadero proyecto de Nación.
2. Ese Documento es fruto de nuestra experiencia pastoral, que nos muestra que en el pueblo existen hondos deseos de vivir en paz y en una convivencia basada en el entendimiento, la justicia y la reconciliación.
3. En este tiempo, sin embargo, percibimos un clima social alejado de esas sanas aspiraciones de nuestro pueblo. La violencia verbal y física en el trato político y entre los diversos actores sociales, la falta de respeto a las personas e instituciones, el crecimiento de la conflictividad social, la descalificación de quienes piensan distinto, limitando así la libertad de expresión, son actitudes que debilitan fuertemente la paz y el tejido social.
4. También nos preocupa la crueldad y el desprecio por la vida en la violencia delictiva, frecuentemente vinculada al consumo de drogas, que no sólo causan dolor y muerte en muchas familias sino también pone a los jóvenes en el riesgo de perder el sentido de la existencia.
5. La situación de pobreza es dramática para muchos hermanos nuestros. Aunque ya se han definido algunos caminos de ayuda y asistencia para las necesidades más urgentes, se hace necesario alcanzar estructuras más justas que consoliden un orden social, político y económico, con equidad e inclusión.
6. Muchas veces no se encuentran fácilmente los medios para atender y canalizar las necesidades legítimas de los distintos sectores, pero siempre se debe tener en cuenta que la democracia no se fortalece en la conflictividad de las calles y rutas, sino en la vigencia de las Instituciones republicanas.
II.
7. Nuestra mirada sería incompleta si no señaláramos como raíz del problema la crisis cultural, moral y religiosa en que estamos inmersos.
8. La cultura relativista imperante, al tiempo que corroe el sentido de la verdad, acentúa también el individualismo que lleva al encierro y la indolencia frente al sufrimiento del hermano y a un progresivo acostumbramiento y resignación ante la pobreza y exclusión de muchos. Por otro lado, el consumismo exacerbado de unos pocos expresa la prevalencia de actitudes narcisistas y egoístas en la sociedad.
9. Es una crisis moral porque se han debilitado valores fundamentales de la convivencia familiar y social. La voluntad no se mueve tanto para el servicio y la solidaridad sino tras lo placentero del momento. La deuda social no es solamente “un problema económico o estadístico. Es, primariamente, un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más esencial”. (HB5)
10. Es una crisis religiosa porque no hemos tenido suficientemente en cuenta a Dios como Creador y Padre, fundamento de verdadera fraternidad y de toda razón y justicia. Sin Dios estamos como huérfanos y la sombra del desamparo se expande sobre los que están a la intemperie social.
III.
11. Ante la situación descripta, nos preguntamos: ¿Por qué no hemos sabido concretar en la Argentina los sanos deseos de nuestro pueblo? La vida en democracia requiere ser animada por valores permanentes, y fundamentarse en:
• El respeto a la Constitución Nacional y las Leyes.
• La autonomía de los Poderes del Estado como principio fundamental de la República, y la vigencia de las Instituciones.
• El bien personal y sectorial deben armonizarse con la búsqueda del bien común, y siempre teniendo particularmente en cuenta a los más pobres.
12. Tal como lo afirmamos en noviembre del año pasado, renovamos el llamado a comprometernos hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad (2010-2016), sin pobreza ni exclusión, sin enemistades ni violencias. Reafirmamos que “nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar” (HB11). En ella todos somos corresponsables de la construcción del bien común y creceremos sanamente como Nación si afianzamos juntos nuestra identidad.
13. El próximo 10 de diciembre asumirán legisladores y otros representantes que han sido electos durante este año. Invitamos a nuestros fieles a que recemos en cada Parroquia y Capilla en las Misas del sábado 5 y domingo 6 de diciembre, por ellos y por todos los que tienen alguna responsabilidad pública.
14. Renovando nuestra esperanza en Jesucristo Señor de la Historia, pedimos a la Virgen de Luján nos ayude a seguir construyendo una Patria de hermanos.
Pilar, 13 de noviembre de 2009




viernes 6 de noviembre de 2009

Declaración de la Comisión Permanente del Episcopado


LA HETEROSEXUALIDAD COMO REQUISITO PARA EL MATRIMONIO NO ES DISCRIMINACIÓN


Ante el conocimiento de un próximo debate legislativo sobre proyectos de ley de matrimonio homosexual, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina manifiesta al respecto:

El matrimonio como relación estable entre el hombre y la mujer, que en su diversidad se complementan para la transmisión y cuidado de la vida, es un bien que hace tanto al desarrollo de las personas como de la sociedad. No estamos ante un hecho privado o una opción religiosa, sino ante una realidad que tiene su raíz en la misma naturaleza del hombre, que es varón y mujer. Este hecho, en su diversidad y reciprocidad, se convierte, incluso, en el fundamento de una sana y necesaria educación sexual. No sería posible educar la sexualidad de un niño o de una niña, sin una idea clara del significado o lenguaje sexual de su cuerpo. Estos aspectos que se refieren a la diversidad sexual como al nacimiento de la vida, siempre fueron tenidos en cuenta como fuente legislativa a la hora de definir la esencia y finalidad del matrimonio. En el matrimonio se encuentran y realizan tanto las personas en su libertad, como el origen y el cuidado de la vida.

Esto no debe ser considerado como un límite que descalifica, sino como la exigencia de una realidad que por su misma índole natural y significado social, debe ser tutelada jurídicamente. Estamos ante una realidad que antecede al derecho positivo y, por lo mismo, es para él fuente normativa en lo sustancial.

Afirmar la heterosexualidad como requisito para el matrimonio no es discriminar, sino partir de una nota objetiva que es su presupuesto. Lo contrario sería desconocer su esencia, es decir, aquello que es. “El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanentes”.

El matrimonio se funda en la unión complementaria del varón y la mujer, cuyas naturalezas se enriquecen con el aporte de esa diversidad radical. La realidad nos muestra que toda consideración física, psicológica y afectiva de los sexos, es expresión de esa diversidad, la cual además no se explica en un sentido antagónico, sino de complemento mutuo. El varón y la mujer, conforman desde esa diversidad complementaria, una nueva realidad que es la familia y que, desde los inicios mismos de la humanidad, ha sido protegida por las sociedades civilizadas, con la institución del matrimonio. Confirma esa realidad, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre la cual exige “reconocer el derecho del hombre y de la mujer a contraer matrimonio y a formar una familia”.

Es responsabilidad de todos proteger este “bien de la humanidad”, (como llamaba Juan Pablo II a la familia), de allí el deseo que nos mueve a sumar las presentes reflexiones en un diálogo sincero con la sociedad y como aporte a quienes tienen la difícil tarea de legislar sobre estos temas.

La Sagrada Familia de Nazareth, modelo permanente, ayude a descubrir a nuestros jóvenes, el valor de la vocación matrimonial.


www.diario7.com.ar, 05-Nov-2009

jueves 5 de noviembre de 2009

Benedicto XVI: "teología del corazón", más que "teología de la razón"




Audiencia general, 4-11-09

Queridos hermanos y hermanas,

en la última catequesis presenté las características principales de la teología monástica y de la teología escolástica del siglo XII, que podríamos llamar, en un cierto sentido, respectivamente, “teología del corazón” y “teología de la razón”. Entre los representantes de una y otra corriente teológica tuvo lugar un amplio debate, a veces encendido, simbólicamente representado por la controversia entre san Bernardo de Claraval y Abelardo.

Para comprender esta confrontación entre los dos grandes maestros, es bueno recordar que la teología es la búsqueda de una comprensión racional, en cuanto sea posible, del misterio de la Revelación cristiana, creídos por la fe: fides quaerens intellectum – la fe busca la inteligibilidad – por usar una definición tradicional, concisa y eficaz. Ahora, mientras que san Bernardo, típico representante de la teología monástica, pone el acento sobre la primera parte de la definición, es decir, en la fides - la fe, Abelardo, que es un escolástico, incide sobre la segunda parte, es decir, sobre el intellectus, sobre la comprensión por medio de la razón. Para Bernardo la fe misma está dotada de una íntima certeza fundada en el testimonio de la Escritura y en la enseñanza de los Padres de la Iglesia. La fe además se refuerza por el testimonio de los santos y por la inspiración del Espíritu Santo en el alma de cada creyente. En los casos de duda y de ambigüedad, la fe debe ser protegida e iluminada por el ejercicio del Magisterio eclesial. Así a Bernardo le cuesta ponerse de acuerdo con Abelardo, y más en general con aquellos que sometían las verdades de la fe al examen crítico de la razón; un examen que comportaba, en su opinión, un grave peligro, el intelectualismo, la relativización de la verdad, la puesta en discusión de las mismas verdades de la fe.
En esta forma de proceder Bernardo veía una audacia llevada hasta la falta de escrúpulos, fruto del orgullo de la inteligencia humana, que pretende “capturar” el misterio de Dios. En una de sus cartas, dolorido, escribe así: “El ingenio humano se apodera de todo, no dejando ya nada a la fe. Se enfrenta a lo que está por encima de él, escruta lo que le es superior, irrumpe en el mundo de Dios, altera los misterios de la fe, más que iluminarlos; lo que está cerrado y sellado no lo abre, sino que lo erradica, y lo que no encuentra viable lo considera como nada, y rechaza creer en ello” (Epístola CLXXXVIII,1: PL 182, I, 353).

Para Bernardo la teología tiene un único fin: el de promover la experiencia viva e íntima de Dios. La teología es por tanto una ayuda para amar cada vez más y mejor al Señor, como recita el título del tratado sobre el Deber de amar a Dios (De diligendo Deo). En este camino, hay diversos grados, que Bernardo describe detalladamente, hasta el culmen, cuando el alma del creyente se embriaga en las cumbres del amor. El alma humana puede alcanzar ya en la tierra esa unión mística con el Verbo divino, unión que el Doctor Mellifluus describe como "bodas espirituales". El Verbo divino la visita, elimina las últimas resistencias, la ilumina, la inflama y la transforma. En esta unión mística, ésta goza de una gran serenidad y dulzura, y canta a su Esposo un himno de alegría. Como recordé en la catequesis dedicada a la vida y a la doctrina de san Bernardo, la teología para él no puede sino nutrirse de la oración contemplativa, en otras palabras, de la unión afectiva del corazón y de la mente con Dios.

Abelardo, que por otra parte es precisamente quien introdujo el termino “teología” en el sentido en que lo entendemos hoy, se pone en cambio en una perspectiva diversa. Nacido en Bretaña, en Francia, este famoso maestro del siglo XII estaba dotado de una inteligencia vivísima y su vocación era el estudio. Se ocupó primero de la filosofía, y después aplicó los resultados alcanzados en esta disciplina a la teología, de la que fue maestro en la ciudad más culta de la época, París, y sucesivamente en los monasterios en los que vivió. Era un orador brillante: sus lecciones eran seguidas por verdaderas y propias masas de estudiantes. De espíritu religioso pero de personalidad inquieta, su existencia fue rica en golpes de escena: rebatió a sus maestros, tuvo un hijo con una mujer culta e inteligente, Eloísa. Estuvo a menudo en polémica con sus colegas teológicos, sufrió también condenas eclesiásticas, aunque murió en plena comunión con la Iglesia, a cuya autoridad se sometió con espíritu de fe. Precisamente san Bernardo contribuyó a la condena de algunas doctrinas de Abelardo en el sínodo provincial de Sens de 1140, y solicitó también la intervención del Papa Inocencio II.
El abad de Claraval rechazaba, como hemos recordado, el método demasiado intelectualista de Abelardo, que a sus ojos reducía la fe a una simple opinión desenganchada de la verdad revelada. Los temores de Bernardo no eran infundados, sino que eran compartidos, por lo demás, por otros grandes pensadores de su tiempo. Efectivamente, un uso excesivo de la filosofía hizo peligrosamente frágil la doctrina trinitaria de Abelardo, y así su idea de Dios. En el campo moral su enseñanza no estaba privada de ambigüedad: insistía en considerar la intención del sujeto como única fuente para describir la bondad o la malicia de los actos morales, descuidando así el significado objetivo y el valor moral de las acciones: un subjetivismo peligroso. Este es – como sabemos – un aspecto muy actual para nuestra época, en la que la cultura aparece a menudo marcada por una tendencia creciente al relativismo ético: sólo el yo decide qué es bueno para mí, en este momento. No hay que olvidar, con todo, los grandes méritos de Abelardo, que tuvo muchos discípulos y que contribuyó al desarrollo de la teología escolástica, destinada a expresarse de modo más maduro y fecundo en el siglo sucesivo. No deben minusvalorarse algunas de sus intuiciones, como por ejemplo cuando afirma que en las tradiciones religiosas no cristianas hay ya una preparación a la acogida de Cristo, Verbo divino.

¿Qué podemos aprender nosotros hoy, de la confrontación, de tonos a menudo encendidos, entre Bernardo y Abelardo, y, en general, entre la teología monástica y la escolástica? Ante todo creo que muestra la utilidad y la necesidad de una sana discusión teológica en la Iglesia, sobre todo cuando las cuestiones debatidas no han sido definidas por el Magisterio, el cual sigue siendo, con todo, un punto de referencia ineludible. San Bernardo, pero también el mismo Abelardo, reconocieron siempre sin dudarlo su autoridad. Además, las condenas que este último sufrió nos recuerdan que en el campo teológico debe haber un equilibrio entre los que podríamos llamar los principios arquitectónicos que nos han sido dados por la Revelación y que conservan por ello siempre una importancia prioritaria, y los interpretativos sugeridos por la filosofía, es decir, por la razón, y que tienen una función importante, pero sólo instrumental. Cuando este equilibrio entre la arquitectura y los instrumentos de interpretación disminuye, la reflexión teológica corre el riesgo de contaminarse con errores, y corresponde entonces al Magisterio el ejercicio de ese necesario servicio a la verdad que le es propio. Además, hay que subrayar que, entre las motivaciones que indujeron a Bernardo a ponerse contra Abelardo y a solicitar la intervención del Magisterio, estaba también la preocupación de salvaguardar a los creyentes sencillos y humildes, a los que hay que defender cuando corren el riesgo de ser confundidos o desviados por opiniones demasiado personales y por argumentaciones teológicas sin escrúpulos, que podrían poner en peligro su fe.

Quisiera recordar, finalmente, que la confrontación teológica entre Bernardo y Abelardo concluyó con una plena reconciliación entre ambos, gracias a la mediación de un amigo común, el abad de Cluny Pedro el Venerable, del que hablé en una de las catequesis anteriores. Abelardo mostró humildad en reconocer sus errores, Bernardo usó gran benevolencia. En ambos prevaleció lo que debe estar verdaderamente en el corazón cuando nace una controversia teológica, es decir, salvaguardar la fe de la Iglesia y hacer triunfar la verdad en la caridad. Que esta sea también hoy la actitud con la que hay confrontaciones en la Iglesia, teniendo siempre como meta la búsqueda de la verdad.


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 4 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).-

sábado 24 de octubre de 2009

Declaración del Sinodo de los Obispos de África


Publicamos el mensaje al pueblo de Dios que ha enviado el Sínodo de los Obispos de África, aprobado por aclamación este viernes.

El texto ha sido redactado en italiano, inglés, francés y portugués. Esta versión en español, traducción de la leída en el aula, es considerada como "no definitiva".

INTRODUCCIÓN

1. Ha sido un don especial de la gracia y, como su última voluntad y testamento para África, que el Siervo de Dios, Papa Juan Pablo II anunciara hacia el final de su vida, el 13 de noviembre de 2004, su intención de convocar una Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos. Este mismo anuncio fue confirmado por su sucesor, nuestro Santo Padre Papa Benedicto XVI, el 22 de junio de 2005, una de las primeras y grandes decisiones de su Pontificado. Mientras estamos aquí reunidos para este Sínodo, provenientes de todos los países de África, de Madagascar y de las Islas contiguas, con los hermanos Obispos y colegas de todos los continentes, juntamente con la Cabeza del Colegio Episcopal y bajo su guía, con la participación de algunos delegados fraternos de otras tradiciones cristianas, nosotros damos gracias a Dios por esta posibilidad providencial de celebrar las bendiciones del Señor sobre nuestro continente, para reflexionar sobre nuestro oficio de Pastores de la grey de Dios y buscar nueva inspiración y aliento para las tareas y desafíos que están ante nosotros. Ya han pasado quince años desde la primera Asamblea en 1994. Las enseñanzas y directrices de la Exhortación post - sinodal Ecclesia in Africa no han dejado de representar una válida guía para nuestra actividad pastoral. En esta segunda Asamblea, el Sínodo ha podido concentrarse en un tema de máxima urgencia para África: nuestro servicio en favor de la reconciliación, la justicia y la paz en un continente que tiene una urgente y profunda necesidad de estas gracias y virtudes.

2. Hemos iniciado nuestro trabajo aquí, en Roma, con la celebración de la Santa Eucaristía, como acto inaugural, presidida por Su Santidad, Papa Benedicto XVI, e invocando al Espíritu Santo para que "nos conduzca hacia la verdad completa" (Jn. 16,13). En esta ocasión, el Papa nos recordó que el Sínodo no es en primer lugar una sesión de estudio. Es, más bien, la iniciativa de Dios que nos llama a escuchar: a escuchar a Dios, a escucharnos mutuamente y a escuchar al mundo que nos rodea, en una atmósfera de oración y de reflexión.

3. Mientras estamos a punto de dispersarnos hacia los diversos lugares de nuestra misión, con renovado compromiso y valentía, dirigimos este mensaje a toda la Iglesia, Familia de Dios, y, de forma especial, a la Iglesia en África: a nuestros hermanos Obispos, en cuyo nombre estamos aquí; a los sacerdotes, diáconos y religiosos, a todos los fieles laicos y a todos a quienes Dios abrirá el corazón para escuchar nuestras palabras.

PARTE I
UNA MIRADA A ÁFRICA DE HOY.

4. Vivimos en un mundo lleno de contradicciones y en plena crisis. La ciencia y la tecnología dan pasos gigantescos en todos los aspectos de la vida, suministrando a la humanidad todo lo que es necesario para hacer de nuestro planeta un lugar maravilloso para todos nosotros. Sin embargo, las situaciones trágicas de los refugiados, la pobreza extrema, las enfermedades y el hambre matan todavía a miles de personas cada día.

5. En todo esto, África es la más afectada. África es rica en recursos humanos y naturales, pero muchos en nuestro pueblo se debaten en medio de la pobreza y la miseria, de guerras y conflictos, entre crisis y caos. Muy raramente todo esto es causado por desastres naturales. Se debe, más bien y en gran medida, a decisiones y acciones humanas de personas que no tienen ninguna consideración por el bien común, y esto, con frecuencia, debido a la trágica complicidad y conspiración criminal entre responsables locales e intereses extranjeros.

6. Pero África no debe desesperarse. Las bendiciones de Dios todavía son abundantes y esperan ser aprovechadas, con prudencia y justicia, en favor de sus hijos. Donde las condiciones son justas, sus hijos han demostrado que pueden alcanzar, y de hecho han alcanzado, el más alto grado de compromiso humano y competencia. Existen muchas noticias positivas en diversas partes de África. Pero los medios de comunicación moderna prefieren, con frecuencia, las malas noticias y parecen concentrarse solamente en nuestras desgracias y defectos, y no en los esfuerzos positivos que estamos realizando. Hay naciones que han salido de largos años de guerra y caminan poco a poco por senderos de paz y prosperidad. El buen gobierno está produciendo un considerable impacto positivo en algunos países africanos, estimulando así a otros países a reconsiderar las malas costumbres del pasado y del presente. Abundan las señales de muchas iniciativas que intentan dar una solución efectiva a nuestros problemas. Este Sínodo, precisamente por la elección del tema, espera ser una de estas iniciativas positivas. Invitamos a todos, indistintamente, a colaborar para acoger los desafíos de la Reconciliación, de la Justicia y de la Paz en África. Muchos están sufriendo y muriendo: no se puede perder más tiempo.

PARTE II
A LA LUZ DE LA FE

7. Nuestro oficio de Obispos nos obliga a considerar cada cosa bajo la luz de la fe. Poco después de la publicación de Ecclesia in África (EIA), los Obispos de África, a través del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), publicaron una carta pastoral que llevaba como título: "Cristo, nuestra paz" (cfr. Documento Final de la Asamblea Plenaria del SECAM, celebrado en Rocca di Papa, los días 1-8 de octubre de 2000, y publicado en Accra en 2001) Durante esta Asamblea hemos recordado con frecuencia que la iniciativa para toda reconciliación y paz proviene de Dios. Como dice el Apóstol Pablo: "En Cristo, Dios ha reconciliado el mundo". Esto sucede por un don suyo gratuito de perdón sin condiciones, "sin tener en cuenta las transgresiones de los hombres", para introducirlos en su paz (cfr. 2Co 5,17-20). Por lo que se refiere a la justicia, también es obra de Dios, a través de la gracia justificante, en Cristo.

8. En el mismo texto San Pablo continúa diciendo que Dios "pone en nosotros la palabra de la reconciliación" y que "somos, por tanto, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros". Éste es el altísimo mandamiento que hemos recibido de nuestro Dios, misericordioso y compasivo. La Iglesia en África, ya sea como familia de Dios que como cada uno de sus fieles, tiene el deber de ser instrumento de paz y reconciliación, según el corazón de Cristo, que es nuestra paz y reconciliación. Y será capaz de realizar esto en la medida en que ella misma esté reconciliada con Dios. Sus estrategias para la reconciliación, la justicia y la paz en la sociedad, deben ir más allá y más profundamente de cómo el mundo trata estas cuestiones. Con San Pablo, el Sínodo invita a todos los pueblos de África: "En nombre de Cristo, os suplicamos: reconciliaos con Dios" (2Co. 5,20). Con otras palabras, invitamos a todos a dejarse reconciliar con Dios. Esto abre el camino a la verdadera reconciliación entre las personas. Y es esto lo que puede quebrar el círculo vicioso de la ofensa, de la venganza y del contraataque. En todo esto, la virtud del perdón es decisiva, incluso antes de cualquier admisión de culpa. Quienes dicen que el perdón no sirve, deberían probar a vengarse y ver qué sucede. El verdadero perdón promueve la justicia del arrepentimiento y de la reparación, que conducen a una paz que llega a las raíces del conflicto y que transforman a quienes eran víctimas y enemigos, en amigos, hermanos y hermanas.
Ya que es Dios quien hace posible esta reconciliación, en este ministerio debemos conceder el espacio adecuado a la oración y a los sacramentos, especialmente al Sacramento de la Penitencia.

PARTE III
A LA IGLESIA UNIVERSAL

9. Esto proyecta su luz de atención y solidaridad sobre el continente africano. Agradecemos al Santo Padre su cercanía a África, con sus esfuerzos y con la defensa que de ella realiza, con todo el peso de su gran autoridad moral. Como sus predecesores, siempre ha sido un verdadero amigo de África y de los africanos. Confrontándonos con nuestros desafíos, hemos sido enriquecidos y guiados por los tesoros y la sabiduría del magisterio de los Papas sobre aspectos sociopolíticos. A este respecto, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia es un vademecum y un recurso que en este mensaje recomendamos vivamente a todos los fieles laicos, especialmente a los que tienen grandes responsabilidades en nuestras comunidades.

10. La Santa Sede ha promovido muchas iniciativas que tienden al desarrollo y al bienestar de África. Un caso específico es la Fundación para el Sahel, para combatir la desertificación en estas regiones. No podemos tampoco quitar valor a los grandes servicios que prestan los representantes pontificios en nuestras Iglesias locales. La Santa Sede tiene hoy Nuncios en 50 países africanos, de un total de 53. Ésta es una fuerte indicación del compromiso de la Santa Sede para el servicio al continente, y por la cual el Sínodo expresa un profundo aprecio.

11. Nosotros, miembros de la Familia de Dios difundida por todo el mundo, saludamos con afecto fraterno a toda la Iglesia, más allá de las costas africanas. La presencia y la participación activa de delegados de otros continentes en esta Asamblea, confirma nuestro vínculo de colegialidad efectiva y afectiva. Damos las gracias a todas las Iglesias locales que se han comprometido a prestar servicios en África y para África, tanto en el ámbito espiritual como material. En el campo de la reconciliación, de la justicia y de la paz, la Iglesia en África continuará contando con el efectivo patrocinio de los responsables de la Iglesia de los países ricos y poderosos, cuyas políticas, acciones y omisiones contribuyen a causar o agravar la difícil situación de África. Existe un vínculo especial histórico entre Europa y África. A este respecto, la relación que hoy existe entre los dos organismos episcopales a nivel continental, El Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y el SECAM, se debe fortalecer y profundizar. Acogemos también con alegría las emergentes relaciones fraternas entre la Iglesia en África y la Iglesia en América.

12. Muchos hijos e hijas de África han abandonado sus casas para buscar morada en otros continentes. Muchos de ellos están bien y contribuyen válidamente al desarrollo de sus nuevos países de residencia. Otros luchan por sobrevivir. Encomendamos a todos ellos a la adecuada atención pastoral de la Iglesia, Familia de Dios, allí donde se encuentren. "Era forastero, y me acogisteis" (Mt 25,35), no es solamente una parábola sobre el fin del mundo, sino también un deber que se ha de cumplir hoy. La Iglesia en África da gracias a Dios por sus numerosos hijos e hijas que son misioneros en otros continentes. En este santo intercambio de dones, es importante que todas las partes implicadas continúen trabajando para construir una relación cristiana transparente, correcta, digna. Durante los trabajos del Sínodo, la Iglesia en África ha aceptado el desafío de interesarse por las personas de origen africano en otros continentes, especialmente en América.

13. A este punto, este Sínodo siente el deber de expresar su profundo reconocimiento por los muchos misioneros, sacerdotes, religiosos y fieles laicos que, procedentes de otros continentes, han traído la fe a la mayor parte de los países de África, muchos de los cuales todavía están trabajando con celo y entrega heroica. Gracias, de formas especial, a los que han permanecido con sus gentes también en tiempos de guerra y de graves crisis. Algunos han pagado su fidelidad incluso con la propia vida.

PARTE IV
LA IGLESIA EN ÁFRICA

14. Recordamos, con orgullo, que el Cristianismo está presente en África desde sus comienzos, en Egipto y Etiopía, e inmediatamente después en otras partes del norte de África. Esta antigua Iglesia ha enriquecido a la Iglesia universal con prestigiosas tradiciones, teológicas y espirituales, con famosos santos y mártires, como el Papa Juan Pablo II puso en evidencia tan elocuentemente (EIA, nº. 31). Las Iglesias de Egipto y de Etiopía, que han sobrevivido a numerosas pruebas y persecuciones, merecen una alta consideración y una colaboración más estrecha con las Iglesias, mucho más jóvenes, del resto del continente. Dicha colaboración es especialmente importante si consideramos los miles de emigrantes y de jóvenes estudiantes del sur del Sahara que cursan sus estudios superiores en el Magreb. Muchos de ellos son católicos y llevan consigo su apego a la fe, cosa que reanima enormemente a la Iglesia local de residencia. La Iglesia, formada en estos lugares y en otros sobre todo por extranjeros, cuenta con la solidaridad de las Iglesias hermanas de África para que manden sacerdotes Fidei Donum y otros misioneros.

15. En todo el continente, la Iglesia seguirá caminando en solidaridad con su pueblo. Las alegrías y las penas, las esperanzas y las aspiraciones de nuestro pueblo son también las nuestras (cfr. Vat. II, Gaudium et spes, 1). Estamos convencidos de que la primera y específica contribución de la Iglesia a los pueblos de África es la proclamación del Evangelio de Cristo. Nos comprometemos, pues, a seguir proclamando vigorosamente el Evangelio a los pueblos de África, porque "la vida en Cristo es el primer y principal factor de desarrollo", como dice el Papa Benedicto XVI en Caritas in veritate (CV, 8). El compromiso en favor del desarrollo proviene de ese cambio del corazón que deriva de la conversión al Evangelio. En esta luz, aceptamos nuestra responsabilidad de ser instrumentos de reconciliación, de justicia y de paz en nuestras comunidades, "embajadores de Cristo" (2 Co 5,20) que es nuestra paz y reconciliación. A este respecto, se debe movilizar a todos los miembros de la Iglesia, clero, religiosos y fieles laicos, para trabajar juntos en la unidad que hace la fuerza. Nos provoca y nos anima el proverbio africano que dice que "un ejército de hormigas bien organizadas puede abatir a un elefante". No debemos tener miedo y menos aún dejarnos desanimar por la enormidad de los problemas de nuestro continente.

16. La Iglesia en África acoge con alegría la invitación que se ha hecho en el aula del Sínodo para una colaboración ‘sur-sur' en nuestros esfuerzos. Muchos de los problemas de África, y muchas de las presiones sobre África, existen también en Asia y en Latinoamérica. Creemos que tenemos mucho que ganar no sólo intercambiándonos informaciones, sino también colaborando. Que el Señor nos muestre el camino para seguir en esta dirección.

17. El SECAM es la institución de la solidaridad pastoral orgánica de la jerarquía de la Iglesia en África (EIA, nº 16). Lamentablemente, este organismo insustituible no ha recibido el apoyo que debería, ni siquiera de los obispos de África. Damos gracias a Dios porque este Sínodo ha representado una gran oportunidad para poner de relieve la importancia del SECAM. Tenemos muchas razones para creer que las sugerencias que han hecho muchos padres sinodales de un mayor compromiso con el SECAM no han caído en el vacío. Nos preparamos a regresar a casa, con el compromiso de dar al SECAM lo poco que necesita para desempeñar su misión. Creada por iniciativa del SECAM y operante en comunión leal con este, la Confederación de las Conferencias de los Superiores Mayores de África y Madagascar (COSMAM), está creciendo gradualmente para convertirse en un instrumento efectivo para promover en el continente una solidaridad pastoral orgánica en la vida y en el apostolado de los religiosos en África. El Sínodo acoge con alegría su valiosa contribución a la vida y la misión de la Iglesia en África.

18. Como obispos aceptamos el desafío de trabajar unidos en nuestras distintas Conferencias episcopales, dando a nuestros países un modelo de institución nacional reconciliada y justa, dispuestos a ofrecernos como artesanos de paz y de reconciliación, en cada ocasión y en cada lugar que se nos pida. Elogiamos a aquellos obispos que han desempeñado esas funciones, especialmente en ámbito ecuménico y/o junto con religiones diferentes, como hemos visto en lugares como Mali, la República Democrática del Congo, Burkina Faso, Senegal, Níger y otros. La unidad del Episcopado es fuente de gran fuerza, mientras que su ausencia es un derroche de energías, hace vanos los esfuerzos y abre un espacio a los enemigos de la Iglesia para neutralizar nuestro testimonio. Un área importante en la que esa cooperación nacional y esa unidad son muy útiles es la de los medios de comunicación. Desde que EIA se publicó, hemos asistido a una auténtica explosión de emisoras de radio católicas en África: de sólo unas 15 que había en 1994 a más de 163 hoy, en 32 países. Elogiamos a los países que han impulsado este desarrollo. Invitamos a los países que todavía tienen reservas al respecto que revisen sus políticas por el bien de sus países y de su gente.

19. Cada obispo tiene que plantear las cuestiones de la reconciliación, la justicia y la paz como una importante prioridad en la agenda pastoral de su diócesis. Debería asegurar la creación de Comisiones de Justicia y Paz a todos los niveles. Deberíamos seguir trabajando duro para formar las conciencias y cambiar los corazones, mediante una catequesis eficaz a todos los niveles. Esta tiene que ir más allá del "simple catecismo" para niños y catecúmenos que se preparan a los sacramentos. Necesitamos organizar un programa de formación continua para todos nuestros fieles, especialmente para los que están en altos puestos de autoridad. Nuestras diócesis tienen que ser modelos de buen gobierno, de transparencia y de buena gestión financiera. Debemos seguir haciendo todo lo que podamos para luchar contra la pobreza, un gran obstáculo para la paz y la reconciliación. Aquí las sugerencias para crear programas de micro-finanzas merecen una especial atención. Como último punto, el obispo, en cuanto jefe de su Iglesia local, tiene el deber de movilizar a todos sus fieles e implicarlos en las funciones que les son propias a la hora de planificar, formular, poner en práctica y evaluar políticas y programas diocesanos para la reconciliación, la justicia y la paz.

20. El sacerdote es "el necesario y más estrecho colaborador del obispo". En este Año Sacerdotal, queridos hermanos en el sacerdocio, nos dirigimos a vosotros de manera especial: vosotros ocupáis una posición clave en el apostolado de la diócesis. Vosotros representáis para la gente el rostro más visible del clero, tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella. Vuestro ejemplo de vida juntos y en paz, superando las barreras tribales y raciales, puede ser un imponente testimonio para los demás. Ello lo demuestra, por ejemplo, cuando acogéis con alegría a cualquier persona que la Santa Sede nombra como obispo vuestro, sin hacer distinciones por el lugar de nacimiento. La realización de los planes pastorales diocesanos para la reconciliación, la justicia y la paz dependerá mucho de vosotros. La catequesis, la formación del laicado, el cuidado pastoral de las personas de alta responsabilidad: nada de todo esto irá demasiado lejos sin vuestro pleno compromiso en las parroquias y en los distintos lugares de vuestra competencia. El Sínodo os exhorta a no descuidar vuestro deber en este ámbito. Obtendréis resultados mayores si sois capaces de trabajar en un ministerio basado en la cooperación, implicando a todos los demás agentes de la comunidad pastoral: diáconos, religiosos, catequistas, laicos, hombres y mujeres, y a los jóvenes. En muchos casos, el sacerdote es una de las personas mejor formadas de la comunidad local y a veces se espera que desempeñe un papel de líder en los asuntos de la comunidad. Deberíais saber cuál es la mejor manera de ofrecer vuestro servicio pastoral y evangélico, sin partidismos. Vuestra fidelidad a los compromisos sacerdotales, especialmente a una vida de celibato en la castidad, como también un desapego de las cosas materiales, es un testimonio elocuente para el Pueblo de Dios. Muchos de vosotros habéis dejado África para la misión en otros continentes. Cuando trabajáis con respeto y orden, dais una buena imagen de África. El Sínodo elogia vuestro compromiso en la obra misionera de la Iglesia. Que todos recibáis la recompensa prometida a los que "han dejado casa... por el Reino" (Lc 18,28).

21. África en estos últimos años se ha convertido también en un terreno fértil para numerosas vocaciones: sacerdotes, frailes y monjas. Damos gracias a Dios por esta gran bendición. Queridos hombres y mujeres de vida consagrada, os estamos agradecidos por el testimonio de vuestra vida religiosa en los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, que a menudo os convierten en profetas y modelos de reconciliación, justicia y paz en circunstancias de extrema presión. El Sínodo os exhorta a dar la máxima eficacia a vuestro apostolado mediante la comunión leal y comprometida con la jerarquía local. El Sínodo se congratula especialmente con vosotros, religiosas, por la dedicación y el celo en vuestro apostolado en el campo de la sanidad, la educación y otros aspectos del desarrollo humano.

22. Este Sínodo se dirige con profundo afecto a los fieles laicos de África. Vosotros sois la Iglesia de Dios en los lugares públicos de la sociedad. En vosotros y a través de vosotros la vida y el testimonio de la Iglesia son visibles en el mundo. Por lo tanto, vosotros compartís el mandato de la Iglesia de ser "embajadores de Cristo" comprometidos en la reconciliación del pueblo con Dios y entre sí. Esto exige que permitáis que vuestra fe impregne cada aspecto y rincón de vuestra vida; en familia, en el trabajo, en la profesión, en política y en la vida pública. No es un compromiso fácil. Por eso, debéis acercaros asiduamente a las fuentes de la gracia, mediante la oración y los sacramentos. El texto de las escrituras elegido como tema del Sínodo, dirigido a todos los seguidores de Cristo, se refiere especialmente a vosotros: "Vosotros sois la sal de la tierra...Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5,13-14). Aquí queremos reiterar la recomendación de Ecclesia in Africa a propósito de las Pequeñas Comunidades Cristianas (EIA, 93). Además de la oración, os tenéis que armar de un conocimiento suficiente de la fe cristiana para ser capaces de "dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza" (1 Pt 3,15) en los lugares públicos donde se forman las ideas. Aquellos de vosotros que estén más arriba tienen el deber de adquirir un nivel proporcional de cultura religiosa. Sobre todo recomendamos encarecidamente las fuentes básicas de la fe católica: la Santa Biblia, el Catecismo de la Iglesia Católica, y lo que es más relevante para el tema del Sínodo, el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia. Todos están a la venta aquí a precios accesibles. No tenemos excusas para seguir siendo ignorantes de nuestra fe. A este respecto Ecclesia in Africa recomendaba con vehemencia la fundación de universidades católicas. Damos gracias a Dios porque en los últimos 15 años se han creado muchas de estas instituciones, y se están creando muchas otras. Este proyecto tiene una importancia capital y es necesario, si tenemos que invertir en un futuro con un laicado católico bien formado, especialmente de intelectuales, preparados y capaces para dar testimonio de su fe en el mundo contemporáneo. Este es sin duda un campo en el que la solidaridad universal de la Iglesia-Familia de Dios resulta imprescindible.

23. El Sínodo tiene un mensaje muy importante y especial para vosotros, queridos católicos africanos comprometidos en la vida pública. Elogiamos a los muchos de vosotros que se han ofrecido para el servicio público en vuestro pueblo, sin preocuparse de todos los peligros y de las incertidumbres de la política en África, pues se lo han tomado como un apostolado para promover el bien común y el reino de Dios, que es reino de justicia, de amor y de paz, según las enseñanzas de la Iglesia (cfr. Vat. II Gaudium et spes, 75). Podéis contar siempre con el estímulo y el apoyo de la Iglesia. Ecclesia in Africa manifestaba la esperanza de que salieran en África políticos y jefes de estado santos. Por supuesto, este no es un deseo vano. Es estimulante que la causa de canonización de Julius Nyerere de Tanzania ya esté en marcha. África necesita santos en puestos políticos relevantes: políticos santos que limpien de la corrupción el continente, que trabajen por el bien de la gente y que sepan cómo animar a otros hombres y mujeres de buena voluntad fuera de la Iglesia para que se unan contra los males comunes que asolan nuestras naciones. El Sínodo ha recomendado vivamente que las Iglesias locales intensifiquen su apostolado para el cuidado espiritual de quienes tienen cargos públicos, designen capellanes celantes para ellos y organicen centros de conexión de alto nivel para evangelizar los parlamentos. Os exhortamos, a todos vosotros fieles laicos dedicados a la política, a que aprovechéis plenamente estos programas allí donde existan. Por desgracia, muchos católicos en puestos de prestigio no han respondido adecuadamente al ejercicio de sus cargos. El Sínodo invita a estas personas a que se arrepientan o a que dejen el escenario público y que así dejen de perjudicar al pueblo y de crearle mala fama a la Iglesia Católica.

24. Dirigimos nuestra atención ahora a nuestras queridas familias católicas en África. Nos congratulamos con vosotros por haber permanecido tenazmente fieles a los ideales de la familia cristiana y por haber conservado los mejores valores de nuestra familia africana. Os ponemos en guardia ante los ataques de algunas venenosas ideologías procedentes del extranjero, que pretenden ser cultura "moderna". Seguid acogiendo a los niños como don de Dios y criadlos en el conocimiento y en el temor de Dios, para que sean personas de reconciliación, de justicia y de paz en el futuro. Somos conscientes de que muchas de nuestras familias son objeto de una gran presión. La pobreza hace a menudo a los padres incapaces de cuidar bien a sus hijos, con consecuencias desastrosas. Invitamos a los gobiernos y a las autoridades civiles a que recuerden que el país cuya legislación destruye a las familias, lo hace en detrimento suyo. La mayor parte de las familias piden sólo lo necesario para sobrevivir. Tienen derecho a vivir.

25. El Sínodo tiene una palabra especial para vosotras, queridas mujeres católicas. Vosotras sois, con frecuencia, la espina dorsal de nuestra Iglesia local. En muchos países las Organizaciones de las mujeres católicas son una gran fuerza para el apostolado de la Iglesia. Ecclesia in Africa aconsejaba que en la Iglesia "las mujeres, formadas adecuadamente, participaran, a niveles apropiados, en la actividad apostólica de la Iglesia" (nº 121). En muchos lugares se registra un progreso en esta dirección. Pero aún queda mucho por hacer. La contribución específica de las mujeres debería ser reconocido y fomentado, no sólo en casa como mujeres y madres, sino de forma más general también en la esfera social. El Sínodo recomienda a nuestras Iglesias locales que vayan más allá de la afirmación general de Ecclesia in Africa y que creen unas estructuras concretas para asegurar la real participación de las mujeres "a niveles apropiados". La Santa Sede nos ha dado un buen ejemplo en este sentido al nombrar a algunas mujeres para unos cargos de elevado nivel. Por toda África se habla mucho de los derechos de las mujeres, especialmente mediante programas de acción preparados por algunas agencias de la ONU. Mucho de lo que dicen es justo y se corresponde con lo que la Iglesia está diciendo. Pero hay que tener mucha cautela en los proyectos concretos que ellos proponen, a menudo con segundos fines. Nosotros os encargamos a vosotras, mujeres católicas, que os comprometáis plenamente en los programas para mujeres de vuestros países, con los ojos de la fe bien abiertos. Provistas de una buena información y de la doctrina social de la Iglesia, debéis actuar de manera que las buenas ideas no sean distorsionadas por los traficantes de ideologías extranjeras y moralmente venenosas que afectan al género y a la sexualidad del hombre. Que cuando actuéis así os guíe María nuestra Madre, sede de la Sabiduría.

26. El Sínodo os pide igualmente a vosotros, queridos hombres católicos, que desempeñéis vuestros importantes papeles de padres responsables y de maridos rectos y fieles. Seguid el ejemplo de san José (cfr.Mt 2,13-23) en el cuidado de la familia, en la protección de la vida desde el momento de la concepción y en la educación de los hijos. Procurad organizaros en asociaciones y en grupos de Acción Católica que os hagan capaces de mejorar la calidad de la vida cristiana y el compromiso hacia la Iglesia. Ello os situaría también en una posición mejor para interpretar los papeles de guías de la sociedad y para convertiros en unos testigos más eficaces y promotores de la reconciliación, la justicia y la paz, como sal de la tierra y luz del mundo.

27. Por último nos dirigimos a vosotros, nuestros hijos e hijas, jóvenes de nuestras comunidades. Vosotros no sois sólo el futuro de la Iglesia: vosotros sois ya el presente en un gran número. En muchos países de África más del 60% de la población está por debajo de los 25 años. El porcentaje en la Iglesia no debe de ser muy diferente. Vosotros tenéis que ser instrumentos de paz y estar a la vanguardia de un cambio social positivo. Sentimos que debemos dedicaros una atención particular a vosotros, jóvenes adultos. A menudo os dejan de lado, abandonados a la deriva como blancos para ideologías y sectas de todo tipo. Muchas veces sois reclutados y empleados para prácticas violentas. Exhortamos a todas las Iglesia locales a que consideren el apostolado hacia los jóvenes como una importante prioridad.

28. Jesús ha dicho: "Dejad que los niños vengan a mi; porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos"(Mt 19,14). El Sínodo no se ha olvidado de vosotros, queridos niños. Sois siempre objeto de nuestro tierno interés. Pero reconocemos y deseamos valorizar vuestro entusiasmo y compromiso como fuerzas activas de evangelización, especialmente entre vuestros coetáneos. A vosotros también se os debe asegurar un espacio adecuado, medios y dirección para habilitaros al apostolado. Os recomendamos especialmente la organización para niños de las Obras Pontificias Misioneras: la Obra de la Santa Infancia.

PARTE V
UN LLAMAMIENTO A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

29. La Familia de Dios se extiende más allá de los confines visibles de la Iglesia: incluye a toda la humanidad. Cuando pensamos en argumentos como reconciliación, justicia y paz, todos nos encontramos en el nivel más profundo de nuestra común humanidad. Este proyecto nos afecta a todos y exige una acción común. Por tanto, alzamos nuestra voz para un llamamiento a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. De modo particular nos dirigimos a aquellos con los que profesamos la misma fe en Jesucristo, y también a hombres y mujeres de otros credos.

30. En general las agencias de la ONU realizan un buen trabajo en África para el desarrollo, el mantenimiento de la paz, la defensa de los justos derechos de las mujeres y de los niños, la lucha contra la pobreza, contra las enfermedades, contra el HIV/SIDA, la malaria, la tuberculosis y otros problemas. El Sínodo elogia la labor positiva que están realizando. Sin embargo les pedimos que sean más coherentes y transparentes a la hora de hacer sus programas. Les recomendamos vivamente a los países de África que evalúen con cuidado los servicios que se ofrecen a nuestra gente, que se aseguren que sean buenos para nosotros. El Sínodo denuncia en particular todos los intentos furtivos de destruir y eliminar los ricos valores africanos de la familia y de la vida humana (por ejemplo, el detestable art. 14 del Protocolo de Maputo y otras propuestas similares).

31. La Iglesia es la primera en la lucha contra el HIV/SIDA y en el cuidado de las personas infectadas y contagiadas por el mismo. El Sínodo da las gracias a todos los que están comprometidos generosamente en este difícil apostolado de amor y de cuidado. Invocamos un apoyo prolongado para que podamos cubrir las necesidades de los muchos que piden asistencia (EIA, 31). Con el Santo Padre Benedicto XVI, este Sínodo advierte que el problema no puede ser superado con la distribución de profilácticos. Pedimos a todos los que estén interesados de verdad en detener la transmisión sexual del HIV/SIDA que reconozcan el éxito obtenido por los programas que aconsejan la abstinencia entre los no casados y la fidelidad entre los casados. Este modo de proceder no sólo ofrece la mejor protección contra la difusión de esta enfermedad sino que además está en armonía con la moral cristiana. Nos dirigimos particularmente a vosotros, jóvenes. No permitáis que nadie os engañe a la hora de pensar que no podéis autocontrolaros: sí, con la gracia de Dios, podéis hacerlo.

32. A los grandes poderes de este mundo les dirigimos una súplica: tratad África con respeto y dignidad. África desde hace tiempo reclama un cambio en el orden económico mundial en cuanto a las estructuras injustas acumuladas que pesan sobre ella. La reciente turbulencia en el mundo financiero demuestra la necesidad de un radical cambio de reglas. Pero sería una tragedia si las modificaciones se hicieran sólo en interés de los ricos y una vez más en perjuicio de los pobres. Muchos de los conflictos, guerras y pobreza de África derivan principalmente de estas estructuras injustas.

33. La humanidad tiene mucho que ganar si escucha las palabras sabias del Santo Padre Benedicto XVI en la encíclica Caritas in veritate. Un orden mundial nuevo y justo no es solamente posible, sino necesario para el bien de toda la humanidad. Se pide un cambio respecto a la deuda que pesa sobre los países pobres, que está matando literalmente a los niños. Las compañías multinacionales tienen que detener la devastación criminal del ambiente para su codiciosa explotación de los recursos naturales. Es una política miope la de fomentar guerras para obtener unos beneficios rápidos del caos, a costa de vidas humanas y de sangre. ¿Es posible que nadie sea capaz de interrumpir, y quiera hacerlo, estos crímenes contra la humanidad?

PARTE VI
"ÁFRICA, ¡LEVÁNTATE !"

34. Se dice que la cuna del género humano se encuentre en África. Nuestro continente tiene una larga historia de grandes imperios y de civilizaciones ilustres. La historia futura del continente todavía debe ser escrita. Dios nos ha bendecido con inmensos recursos naturales y humanos. Entre los índices internacionales del desarrollo material, los países de África ocupan muchas veces los últimos lugares. Ésta no es una razón para desesperar. Existen graves actos de injusticia histórica, como la trata de esclavos y el colonialismo, cuyas consecuencias negativas todavía persisten. Pero éstas ya non son excusas para no seguir adelante. De hecho, muchas de estas cosas están ocurriendo. Elogiamos los esfuerzos para liberar África de la alienación cultural y de la esclavitud política. Ahora África debe afrontar el desafío de ofrecer a sus propios hijos un nivel digno en sus condiciones de vida. En el ámbito político, hay progresos en la integración continental: la Organización para la Unidad Africana (OAU) que ahora es la Unión Africana (AU). La Unión Africana y las otras agrupaciones regionales, a veces en colaboración con las Naciones Unidas, han puesto en marcha iniciativas para resolver los conflictos y mantener la paz en situaciones de crisis. En el frente económico, África ha tratado de elaborar, a medida de su identidad, una estructura estratégica para el desarrollo llamada NEPAD (Nuevo Partenariado económico para el Desarrollo Africano). Ha previsto también un APRM (African Peer Review Mechanism) para su seguimiento y control de su puesta en práctica por parte de varios países. El Sínodo elogia estos esfuerzos ya que dichos programas relacionan de manera clara la emancipación económica de África con el establecimiento de un buen gobierno. Por desgracia aquí hay un punto muerto. Para la mayoría de los países africanos, los bellos documentos de la NEPAD siguen siendo letra muerta. Por ello, esperamos un mejoramiento general del buen gobierno en África.

35. El Sínodo felicita calurosamente a aquellos países africanos que han emprendido el camino de una verdadera democracia. Estos están ya mostrando los buenos resultados que produce el hacer bien las cosas. Otros han salido de muchos años de guerras y conflictos para empezar a reconstruir progresivamente sus naciones hundidas en el desastre. Esperamos que el buen ejemplo impulse a los demás para que cambien sus malas costumbres.

36. El Sínodo se entristece en señalar que la situación de más de un país africano sigue siendo vergonzosa. Pensamos en particular en la dolorosa situación de Somalia, inmersa en un conflicto virulento desde hace casi dos decenios que ya compromete a sus países vecinos. No olvidemos la trágica condición de millones de personas en la región de los Grandes Lagos y la crisis que todavía perdura en Uganda septentrional, en el Sudán meridional, en Darfur, en Guinea Conakry y en otros lugares. Aquellos que controlan la suerte de estas naciones deben asumir la plena responsabilidad por su deplorable comportamiento. En la mayor parte de los casos, estamos ante la avidez del poder y de la riqueza, en desmedro de la población y la nación. Cualquiera sea la ingerencia de los intereses extranjeros, se da siempre la vergonzosa y trágica colusión de los líderes locales: políticos que traicionan y malbaratan sus naciones, hombres de negocios corruptos que están coludidos con multinacionales rapaces, comerciantes y traficantes de armas africanos que han hecho fortuna con el comercio de armas pequeñas que causan gran destrucción de vidas humanas, así como de agentes locales de las organizaciones internacionales a quienes se les paga para difundir ideologías letales en las que ellos mismos no creen.

37. La consecuencia negativa de todo esto está a la vista del mundo entero: pobreza, miseria y enfermedades; refugiados dentro y fuera del país y en ultramar, la búsqueda de praderas más verdes lleva a la fuga de cerebros, emigración clandestina y tráfico de seres humanos, guerras y derramamiento de sangre, frecuentemente hechos por encargo, la atrocidad de los niños soldados y la indecible violencia hacia las mujeres. ¿Cómo se puede estar orgullosos de gobernar sobre un caos semejante? ¿Qué decir de nuestro tradicional sentido africano de vergüenza? Este Sínodo lo proclama de forma clara y fuerte: ha llegado el tiempo de cambiar estos comportamientos por amor a las generaciones presentes y futuras.

PARTE VII
UNIÓN DE LAS FUERZAS ESPIRITUALES

38. Queremos recordar nuevamente lo que el Papa Benedicto XVI ha dicho en su homilía durante la misa de inauguración del Sínodo: África es el "pulmón espiritual" de la humanidad actual. Éste es una precioso recurso, más precioso que nuestros minerales y el petróleo. Pero nos ha puesto en guardia sobre el riesgo que corre este pulmón de ser infectado por el doble virus del materialismo y del fanatismo religioso. El Sínodo, determinado a preservar nuestro patrimonio espiritual de todos los ataques e infecciones, nos invita a una colaboración ecuménica cada vez mayor con nuestros hermanos y hermanas de las otras tradiciones cristianas. Deseamos también que haya más diálogo y cooperación con los musulmanes y los seguidores de la Religión Tradicional Africana (RTA) y de las personas de otras creencias.

39. El fanatismo religioso se está difundiendo en todo el mundo. Es causa de decadencia en muchas partes de África. De la cultura religiosa tradicional, los africanos han absorbido un significativo sentido del Dios Creador. Han llevado este sentido a su conversión al Cristianismo y al Islam. Cuando este fervor religioso está mal dirigido por fanáticos o manipulado por los políticos, se generan conflictos que tienden a hundir a todos. Pero, dirigidas y guiadas de manera adecuada, las religiones son una potente fuerza de bien, especialmente a favor de la paz y de la reconciliación.

40. El Sínodo ha escuchado el testimonio de muchos padres sinodales que han recorrido con éxito el camino del diálogo con los musulmanes. Han dado testimonio del hecho que el diálogo es eficaz y que la colaboración es posible y también ella muchas veces es eficaz. Los temas de la reconciliación, de la justicia y de la paz, generalmente son de interés para enteras comunidades, independientemente de su credo. Trabajando sobre los diferentes valores que se comparte con los dos credos, musulmanes y cristianos, pueden dar un gran aporte para restablecer la paz y la reconciliación en nuestras naciones. Esto ya ha sido demostrado en muchos casos. El Sínodo elogia estos esfuerzos y se los recomienda a los demás.

41. El diálogo y la colaboración prosperan cuando existe respeto recíproco. Como obispos católicos, tenemos claras directivas para realizar el diálogo y para permanecer firmes en nuestra fe, pero dejando a los otros la libertad de escoger. El Sínodo ha tenido buenas resultados en relación a comunidades islámicas que conceden libertad de culto a la Iglesia. Éstas también las acogen con alegría y se benefician con las obras sociales de la Iglesia. Cuando elogiamos todo esto, insistimos en repetir que no es suficiente. La libertad de religión comprende también la libertad de compartir la propia fe, de proponerla y no de imponerla, de aceptar y acoger a aquellos que se convierten. Las naciones que por ley les prohíben a sus ciudadanos que abracen la fe cristiana, les privan del derecho humano fundamental a decidir libremente sobre el credo que quieren abrazar. Si bien esto se da desde hace mucho tiempo, es hora de rever dicha situación, a la luz del respeto de los derechos humanos fundamentales. Este Sínodo denuncia tal restricción de la libertad porque trastorna el diálogo sincero y frustra una auténtica colaboración. Ya que los cristianos que deciden cambiar su religión son bien acogidos en las filas musulmanas, debe haber reciprocidad en este campo. El respeto recíproco es el camino que se debe recorrer. En el mundo nuevo que está naciendo, es necesario dar espacio a cada fe para que contribuya al bien de la humanidad.

CONCLUSIÓN

42. Queridos hermanos en el episcopado, queridos hijos e hijas de la Iglesia, Familia de Dios en África, todos vosotros hombres y mujeres de buena voluntad en África y en otros lugares, compartimos con vosotros la fuerte convicción de este Sínodo: África no es impotente. Nuestro destino todavía está en nuestras manos. Todo lo que ella pide no es más que el espacio para respirar y prosperar. África ya se ha puesto en movimiento y la Iglesia se mueve con ella, ofreciéndole la luz del Evangelio. Las aguas pueden estar agitadas, pero con la mirada orientada a Cristo Señor (cfr. Mt 14, 28-32) llegaremos seguros al puerto de la reconciliación, de la justicia y de la paz.

África, ¡levántate, toma tu camilla y anda! (Jn 5,8)

"Por lo demás, hermanos, alegraos;
sed perfectos;
animaos; tened un mismo sentir;
Vivid en paz;
y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros" (2 Cor 13,11).
Amén.


CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 24 de octubre de 2009 (ZENIT.org).-





martes 20 de octubre de 2009

Nota sobre el paso de fieles anglicanos a la Iglesia Católica


El cardenal William Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y el arzobispo Joseph Augustine Di Noia, O.P., secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, explicaron esta mañana durante un encuentro con periodistas la nota sobre los Ordinariatos Personales para los anglicanos que entran a formar parte de la Iglesia católica.

El cardenal Levada comentó una nota informativa de su dicasterio en la que se dice que "la Iglesia católica responde con una Constitución Apostólica a las peticiones dirigidas a la Santa Sede de grupos de clérigos y fieles anglicanos de diversas partes del mundo, que desean entrar en la plena y visible comunión con ella".

"En esta Constitución Apostólica -dijo-, el Santo Padre ha introducido una estructura canónica que provee a una reunión corporativa a través de la institución de Ordinariatos Personales, que permitirán a los fieles ex anglicanos entrar en la plena comunión con la Iglesia católica, conservando al mismo tiempo elementos del especifico patrimonio espiritual y litúrgico anglicano. Según el tenor de la Constitución Apostólica, la atención y la guía pastoral para estos grupos de fieles ex anglicanos será asegurada por un Ordinariato Personal, del que el Ordinario será habitualmente nombrado por el clero ex anglicano".

"La Constitución Apostólica, que está a punto de publicarse, representa una respuesta razonable e incluso necesaria a un fenómeno global, ofreciendo un único modelo canónico para la Iglesia universal adaptable a diversas situaciones locales, y en su aplicación universal, equitativa para los ex anglicanos. Este modelo prevé la posibilidad de la ordenación de clérigos casados ex anglicanos, como sacerdotes católicos. Razones históricas y ecuménicas no permiten la ordenación de hombres casados como obispos, tanto en la Iglesia católica como en las ortodoxas. Por tanto, la Constitución determina que el Ordinario pueda ser o un sacerdote o un obispo no casado. Los seminaristas del Ordinariato se prepararán junto a otros seminaristas católicos, pero el Ordinariato podrá abrir una casa de formación para responder a necesidades particulares de formación en el patrimonio anglicano".

"Esta nueva estructura -continúa la nota- está en consonancia con el compromiso en el diálogo ecuménico, que sigue siendo una prioridad para la Iglesia católica, en particular a través de los esfuerzos del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos". En este sentido, el cardenal Levada señaló que "la iniciativa proviene de varios grupos de anglicanos que han declarado que comparten la fe católica común, como expresa el Catecismo de la Iglesia Católica, y que aceptan el ministerio petrino como un elemento querido por Cristo para la Iglesia. Para ellos ha llegado el tiempo de expresar esta unión implícita en una forma visible de plena comunión".

El purpurado subrayó que "Benedicto XVI espera que el clero y los fieles anglicanos deseosos de la unión con la Iglesia católica encuentren en esta estructura canónica la oportunidad de preservar aquellas tradiciones anglicanas que son preciosas para ellos y conformes con la fe católica. En cuanto expresan en un modo distinto la fe profesada comúnmente, estas tradiciones son un don que hay que compartir en la Iglesia universal. La unión con la Iglesia no exige la uniformidad que ignora las diversidades culturales, como demuestra la historia del cristianismo. Además, las numerosas y diversas tradiciones hoy presentes en la Iglesia católica están todas enraizadas en el principio formulado por San Pablo en su carta a los Efesios: "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo".

"Nuestra comunión -concluyó el cardenal Levada- se ha reforzado por diversidades legítimas como estas, y estamos contentos de que estos hombres y mujeres ofrezcan sus contribuciones particulares a nuestra vida de fe común".

En una declaración conjunta, los arzobispos de Westminster y Canterbury, respectivamente Vincent Gerard Nichols y Rowan Williams, afirman que el anuncio de la Constitución Apostólica "acaba con un período de incertidumbre para los grupos que nutrían esperanzas de nuevas formas para alcanzar la unidad con la Iglesia católica. Toca ahora a los que han cursado peticiones de ese tipo a la Santa Sede responder a la Constitución Apostólica", que es "consecuencia del diálogo ecuménico entre la Iglesia Católica y la Comunión Anglicana".

"El actual diálogo oficial entre la Iglesia Católica y la Comunión Anglicana -subrayan los prelados- sienta las bases para que prosiga nuestra cooperación. Los acuerdos de la Comisión Internacional Anglicano Católica (ARCIC) y de la Comisión Internacional Anglicano Católica para la Unidad y la Misión (IARCCUM) establecen con claridad el camino que seguiremos juntos".

"Con la ayuda de Dios y de la oración -concluyen- proclamamos nuestra determinación para reforzar el mutuo compromiso actual y la consulta sobre éste y otros argumentos. A nivel local, con el espíritu de la IARCCUM, quisiéramos adoptar el modelo de reuniones entre la Conferencia de Obispos Católicos de Inglaterra y Gales y la Cámara Episcopal de la Iglesia de Inglaterra, centrándonos en la misión común".

CIUDAD DEL VATICANO, 20 OCT 2009 (VIS).-

viernes 2 de octubre de 2009

Discurso del Santo Padre


VIAJE APOSTÓLICO
DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LA REPÚBLICA CHECA
(26-28 DE SEPTIEMBRE DE 2009)

ENCUENTRO CON EL MUNDO ACADÉMICO

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Salón Vladislav del Castillo de Praga
Domingo 27 de septiembre de 2009

Señor presidente;
ilustres rectores y profesores;
queridos estudiantes y amigos:

El encuentro de esta tarde me brinda la grata oportunidad de manifestar mi estima por el papel indispensable que desempeñan en la sociedad las universidades y los institutos de estudios superiores. Doy las gracias al estudiante que me ha saludado amablemente en vuestro nombre, a los miembros del coro universitario por su óptima interpretación, y al ilustre rector de la Universidad Carlos, el profesor Václav Hampl, por sus profundas palabras. El mundo académico, sosteniendo los valores culturales y espirituales de la sociedad y a la vez dándoles su contribución, presta el valioso servicio de enriquecer el patrimonio intelectual de la nación y consolidar los cimientos de su desarrollo futuro. Los grandes cambios que hace veinte años transformaron la sociedad checa se debieron, entre otras causas, a los movimientos de reforma que se originaron en la universidad y en los círculos estudiantiles. La búsqueda de libertad ha seguido impulsando el trabajo de los estudiosos, cuya diakonía de la verdad es indispensable para el bienestar de toda nación.

Quien os habla ha sido profesor, atento al derecho de la libertad académica y a la responsabilidad en el uso auténtico de la razón, y ahora es el Papa quien, en su papel de Pastor, es reconocido como voz autorizada para la reflexión ética de la humanidad. Si es verdad que algunos consideran que las cuestiones suscitadas por la religión, la fe y la ética no tienen lugar en el ámbito de la razón pública, esa visión de ninguna manera es evidente. La libertad que está en la base del ejercicio de la razón —tanto en una universidad como en la Iglesia— tiene un objetivo preciso: se dirige a la búsqueda de la verdad, y como tal expresa una dimensión propia del cristianismo, que de hecho llevó al nacimiento de la universidad.

En verdad, la sed de conocimiento del hombre impulsa a toda generación a ampliar el concepto de razón y a beber en las fuentes de la fe. Fue precisamente la rica herencia de la sabiduría clásica, asimilada y puesta al servicio del Evangelio, la que los primeros misioneros cristianos trajeron a estas tierras y establecieron como fundamento de una unidad espiritual y cultural que dura hasta hoy. Esa misma convicción llevó a mi predecesor el Papa Clemente VI a instituir en el año 1347 esta famosa Universidad Carlos, que sigue dando una importante contribución al más amplio mundo académico, religioso y cultural europeo.

La autonomía propia de una universidad, más aún, de cualquier institución educativa, encuentra significado en la capacidad de ser responsable frente a la verdad. A pesar de ello, esa autonomía puede resultar vana de distintas maneras. La gran tradición formativa, abierta a lo trascendente, que está en el origen de las universidades en toda Europa, quedó sistemáticamente trastornada, aquí en esta tierra y en otros lugares, por la ideología reductiva del materialismo, por la represión de la religión y por la opresión del espíritu humano. Con todo, en 1989 el mundo fue testigo de modo dramático del derrumbe de una ideología totalitaria fracasada y del triunfo del espíritu humano.

El anhelo de libertad y de verdad forma parte inalienable de nuestra humanidad común. Nunca puede ser eliminado y, como ha demostrado la historia, sólo se lo puede negar poniendo en peligro la humanidad misma. A este anhelo tratan de responder la fe religiosa, las distintas artes, la filosofía, la teología y las demás disciplinas científicas, cada una con su método propio, tanto en el plano de una atenta reflexión como en el de una buena praxis.

Ilustres rectores y profesores, juntamente con vuestra investigación, hay otro aspecto esencial de la misión de la universidad en la que estáis comprometidos, es decir, la responsabilidad de iluminar la mente y el corazón de los jóvenes de hoy. Ciertamente, esta grave tarea no es nueva. Ya desde la época de Platón, la instrucción no consiste en una mera acumulación de conocimientos o habilidades, sino en una paideia, una formación humana en las riquezas de una tradición intelectual orientada a una vida virtuosa. Si es verdad que las grandes universidades, que en la Edad Media nacían en toda Europa, tendían con confianza al ideal de la síntesis de todo saber, siempre estaban al servicio de una auténtica humanitas, o sea, de una perfección del individuo dentro de la unidad de una sociedad bien ordenada. Lo mismo sucede hoy: los jóvenes, cuando se despierta en ellos la comprensión de la plenitud y unidad de la verdad, experimentan el placer de descubrir que la cuestión sobre lo que pueden conocer les abre el horizonte de la gran aventura de cómo deben ser y qué deben hacer.

Es preciso retomar la idea de una formación integral, basada en la unidad del conocimiento enraizado en la verdad. Eso sirve para contrarrestar la tendencia, tan evidente en la sociedad contemporánea, hacia la fragmentación del saber. Con el crecimiento masivo de la información y de la tecnología surge la tentación de separar la razón de la búsqueda de la verdad. Sin embargo, la razón, una vez separada de la orientación humana fundamental hacia la verdad, comienza a perder su dirección. Acaba por secarse, bajo la apariencia de modestia, cuando se contenta con lo meramente parcial o provisional, o bajo la apariencia de certeza, cuando impone la rendición ante las demandas de quienes de manera indiscriminada dan igual valor prácticamente a todo. El relativismo que deriva de ello genera un camuflaje, detrás del cual pueden ocultarse nuevas amenazas a la autonomía de las instituciones académicas.

Si, por una parte, ha pasado el período de injerencia derivada del totalitarismo político, ¿no es verdad, por otra, que con frecuencia hoy en el mundo el ejercicio de la razón y la investigación académica se ven obligados —de manera sutil y a veces no tan sutil— a ceder a las presiones de grupos de intereses ideológicos o al señuelo de objetivos utilitaristas a corto plazo o sólo pragmáticos? ¿Qué sucedería si nuestra cultura se tuviera que construir a sí misma sólo sobre temas de moda, con escasa referencia a una auténtica tradición intelectual histórica o sobre convicciones promovidas haciendo mucho ruido y que cuentan con una fuerte financiación? ¿Qué sucedería si, por el afán de mantener un laicismo radical, acabara por separarse de las raíces que le dan vida? Nuestras sociedades no serían más razonables, tolerantes o dúctiles, sino que serían más frágiles y menos inclusivas, y cada vez tendrían más dificultad para reconocer lo que es verdadero, noble y bueno.

Queridos amigos, deseo animaros en todo lo que hacéis por salir al encuentro del idealismo y la generosidad de los jóvenes de hoy, no sólo con programas de estudio que les ayuden a destacar, sino también mediante la experiencia de ideales compartidos y de ayuda mutua en la gran empresa de aprender. Las habilidades de análisis y las requeridas para formular una hipótesis científica, unidas al prudente arte del discernimiento, ofrecen un antídoto eficaz a las actitudes de ensimismamiento, de desinterés e incluso de alienación que a veces se encuentran en nuestras sociedades del bienestar y que pueden afectar sobre todo a los jóvenes.

En este contexto de una visión eminentemente humanística de la misión de la universidad, quiero aludir brevemente a la superación de la fractura entre ciencia y religión que fue una preocupación central de mi predecesor el Papa Juan Pablo II. Como sabéis, promovió una comprensión más plena de la relación entre fe y razón, entendidas como las dos alas con las que el espíritu humano se eleva a la contemplación de la verdad (cf. Fides et ratio, Introducción). Una sostiene a la otra y cada una tiene su ámbito propio de acción (cf. ib., 17), aunque algunos quisieran separarlas. Quienes defienden esta exclusión positivista de lo divino de la universalidad de la razón no sólo niegan una de las convicciones más profundas de los creyentes; además impiden el auténtico diálogo de las culturas que ellos mismos proponen. Una comprensión de la razón sorda a lo divino, que relega las religiones al ámbito de subculturas, es incapaz de entrar en el diálogo de las culturas que nuestro mundo necesita con tanta urgencia. Al final, "la fidelidad al hombre exige la fidelidad a la verdad, que es la única garantía de libertad" (Caritas in veritate, 9). Esta confianza en la capacidad humana de buscar la verdad, de encontrar la verdad y de vivir según la verdad llevó a la fundación de las grandes universidades europeas. Ciertamente, hoy debemos reafirmar esto para dar al mundo intelectual la valentía necesaria para el desarrollo de un futuro de auténtico bienestar, un futuro verdaderamente digno del hombre.

Con estas reflexiones, queridos amigos, formulo mis mejores deseos y oro por vuestro arduo trabajo. Pido a Dios que todo ello se inspire y dirija siempre por una sabiduría humana que busque sinceramente la verdad que nos hace libres (cf. Jn 8, 28). Sobre vosotros y sobre vuestras familias invoco las bendiciones divinas de alegría y paz.


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